lunes, 14 de septiembre de 2009

No importa en qué cancha juguemos


Estudiantes gana igual. Estadio Ciudad de La Plata, Quilmes, de visitante, cancha grande, cancha chica, pasto alto (Quilmes) pasto corto, el equipo sabe a qué juega, hace correr la pelota y tiene un circuito definido de juego en la mitad de la cancha.
Luego de mucho tiempo de jugar en 25 y 32, donde sólo perdió 3 encuentros, era todo un desafío abandonar un lugar con tantas satisfacciones. No sólo por la comodidad de los resultados, sino hasta por cábala, un detalle que la historia de Estudiantes nunca deja pasar por alto.
Quizás por ello el festejo final de Alejandro Sabella, sabiendo que empezar con el pie derecho esta nueva localía le sacaría el estigma de “probar otro escenario”, aunque el equipo ya haya librado más de una batalla en Quilmes.
¿Si la pelota parada - arma letal del equipo - ayuda en esta cancha? ¿Si los bochazos de Sebastián Verón adelanta más al equipo? ¿Si la defensa se puede cerrar mejor en menor espacio?¿Si el toqueteo en la mitad de la cancha será más neutralizados por los rivales? Todas preguntas que ayer mismo los jugadores contestaron dentro del campo de juego, y por lo visto, nada los afecta.
La realidad es que el equipo juega muy bien, y ante ello, los escenarios pasan a ser un detalle menor, basta con recordar el papelón de Argentina en Rosario para confirmar la teoría más antigua de este deporte

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