Los tiempos que manejan desde la Gobernación para comenzar la obra del techado del Estadio Ciudad de La Plata acarrean más sospechas que motivos, más teniendo en cuenta el perjuicio que padece Estudiantes de tener que trasladar su localía hacia Quilmes.
Cada vez que el Gobierno informa que va a comenzar las obras lo primero que hace es estropear el campo de juego, delimitando con este hecho, la prohibición de su utilidad o el reclamo constante de los dirigentes de Estudiantes.
La realidad muestra que en 25 y 32 no hay ni un tornillo que indique el comienzo del techado del Estadio. No hay gruas y mucho menos gente trabajando. Por ello las sospechas de un cierre quizás apresurado y el enojo de los dirigentes.
Estudiantes jugó contra Independiente y el próximo partido de local será frente a Boca, dos equipos que llenan sus estadios y que, por jugar en Quilmes, no se les otorga la capacidad suficiente para sus hinchas; aunque lo más importante es el trastorno ocasionado al público Pincharrata.
Se entiende que El Gobierno vela por la seguridad de la población, que el Ejecutivo avala o cuestiona las decisiones del Coprosede, que ante semejante marco de violencia cotidiana no es lo más aconsejable trasladar gente de una jurisdicción a otra; sin embargo, estas obviedades no son tenidas en cuenta.
¿Por qué no llegan los materiales al estadio? ¿Por qué el Estado no reguló los tiempos?. Estudiantes tiene su culpa por no hacer su cancha en tiempo y forma, pero el Gobierno debería paliar los imponderables porque esa es su función. Si las obras estarían en marcha, nada se objetaría, pero ellos mismos crean las sospechas cuando deberían despejarlas.
cielosports

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