Existió la diferencia lógica. La que existe entre el actual campeón de América y que viene calentando motores para el Mundial de Clubes, y el equipo que transita a los tumbos y que está en el fondo de la tabla del Apertura.
Y si a esa diferencia se le agrega que el equipo albirrojo recobró la confianza, la concentración y, fundamentalmente, el toque con velocidad y precisión, entonces esa diferencia resultó poco menos que abismal.
Ayer en en el Centenario quilmeño todo lo hizo Estudiantes. Lo bueno y también lo malo, porque otra vez, en una jugada desafortunada -ahora de Cellay- volvió a vencer su propia valla, pero el equipo de Sabella estuvo más fino y marcó tres, y hasta pudieron ser más.
Dos de Mauro Boselli, que llegó a nueve y elevó su autoestima, y uno de Germán Ré, le dieron brillo incluso a esta conquista albirroja, ya que todas llegaron como corolario de excelentes jugadas, y sirvieron para alargar el invicto de local.
Por rara paradoja del fútbol, el local generó muchas situaciones propicias en el primer tiempo pero anotó una sola vez, y en el complemento no llegó tanto pero hizo un mejor aprovechamiento de esas chances y convirtió dos.
El partido se definió rápido. Con el gol de Boselli a los 4' de iniciado el partido. Llegó como producto de otra jugada en donde el toque estuvo presente, con precisión y cambio de ritmo. La pelota pasó por los pies de Braña, Carrusca, Verón y Boselli, y fue el delantero que, entrando por la izquierda y luego de sacarse la marca de encima, remató bajo al palo derecho de Islas.
A partir de allí hubo un solo equipo en la cancha, que fue Estudiantes, dueño de todo, el que buscó con cierta determinación el segundo gol y, si no se abrazó a él fue simplemente porque no estuvo fino en la resolución o porque, providencialmente, algún defensor se cruzó en la línea de disparo de la gente albirroja.
Tigre, con problemas en el fondo, sin presencia en el medio y con una pobreza ofensiva alarmante, fue avasallado por un Estudiantes sólido, compacto y resuelto.
En el complemento, en una jugada que surgió espontáneamente, producto de la capacidad de improvisación de sus hombres, Estudiantes pudo hacer enseguida la diferencia. En una salida en tiro libre Verón alargó sobre la izquierda a Carrusca, el volante llegó hasta el fondo y metió el centro bajo al área. La pelota cruzó sin que nadie la tocara y Germán Ré, por el otro lado, libre de marca, dispuso de todo el tiempo para sacar un derechazo al palo izquierdo de Islas.
El dos a cero estaba más emparentado con la realidad del juego, pero en fútbol las sorpresas siempre están a la orden del día, tan es así que tres minutos después Christian Cellay, en jugada desafortunada, o mejor, por un zurdazo deficiente, venció su propia valla (la pelota ingresó contra el palo izquierdo de Albil) tras un centro que había mandado San Román desde la derecha.
Casi sin proponérselo, Tigre estaba otra vez en partido, pero quedaba una sutileza más del equipo de Sabella. Porque a los 15' Verón, desde la derecha, ejecutó un tiro libre. Le entró de derecha de derecha a la pelota, con mucho efecto, y la pelota le cayó justo en la cabeza a Boselli que ganó también en el salto y la puso arriba, cerca del palo izquierdo, inatajable para Islas.
Tranquilo, con el resultado ya asegurado, Estudiantes siguió manejando todo casi a voluntad, incluso controlando sin mayor problema el postrer esfuerzo de la visita, apoyándose en una defensa segura, en un mediocampo don Braña fue un fogonero incansable, con la Brujita Verón inspiradísimo manejando todo con un aplomo admirable, y con delanteros movedizos y punzantes que hicieron estragos en la defensa del Matador.
Este Estudiantes de anoche estuvo más emparentado con el verdadero, y así resolvió con absoluta autoridad este compromiso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario