jueves, 25 de junio de 2009

A Uruguay en escoba



El Pincha se llevó la primera semi con un gol de Galván después de una avivada de Verón y así estiró su racha en La Plata por la Libertadores: siete victorias al hilo sin recibir goles. Pero hubo una mala pensando en el partido de vuelta con Nacional: la salida de la Bruja en el entretiempo por una molestia.
El concentrado autor se abrazaba con el precursor, el veloz pensador, de la partida. Verón jugó rápido sus cartas, Benítez recibió la seña adecuada y tiró al área el ancho de espadas para que Galván convirtiera su primer gol, a fuerza de una palomita, en esta Libertadores. El León pegó un rugido tempranero que entusiasmó a su gente con el empuje posterior. Hizo lo que tenía que hacer: ganar en la madriguera. Sin embargo Nacional se volvió a Montevideo con un resultado que, en el largo trayecto a la final, no lo deja demasiado apretado contra las cuerdas.

Estudiantes era puro corazón además del juego que lo caracteriza y lo señala como uno de los mejores de la temporada. Benítez no tenía ningún problema en manchar la parte blanca de su camiseta con el verde del pasto. Galván se corría toda la banda como si él, y no Cellay, fuera el lateral. Y Fernández, sin que se le cayera ninguna coronita, iba a trabar sin el miedo de que el fantasma de su lesión volviera a cortarle las piernas. El Diez estaba inquieto en el inicio, tan movedizo que a Victorino se le hacía tan molesto como una astilla dentro de la uña.

Por encima de los cabecillas en la cancha, resaltó el interminable Verón. La Bruja, siempre rapidito con la cabeza, tiraba caños y lujos deleitosos para los ojos de su pueblo. Ese mismo que lo corea a cada partido cómo si de un prócer se tratara. Es que la insignia del equipo sabe cómo, cuándo y dónde estar parado y bien ubicado en la cancha. Es un trotador lento, que lo que tiene de tardío en sus piernas lo disfraza de ligereza con su velocidad mental. Un núcleo imprescindible. Cuando salió, El Pincha no fue el mismo.

Schiavi, el peón del tablero al que apuntaban todos los ojos, desempeñó lo que la libreta boquense estipulaba en sus líneas años atrás, cuando él era quien pateaba los penales y cabeceaba a la red. A Rolo, de pocos nervios y con necesaria frialdad en instancias de este tipo, le sienta bien el ambiente. Se encontró en su hábitat. A su lado, Desábato se plantó como líder de la cueva y el escaso trabajo, por el poco fútbol del rival, fue resuelto con la seriedad que una semifinal demandada.

Estudiantes forja su futuro color Libertadores. Ganó los siete partidos que jugó de local, se clasificó en un grupo complicado dónde Cruzeiro lideró y Deportivo Quito metió presión y bajó en octavos a Defensor sólo necesitando el partido de ida. El Pincha, se resguarda en los brazos de Verón y, de ahí, basándose en su mítica historia, transforma, poco a poco, la hipótesis de ganar la copa en una evidencia.

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