Estudiantes le ganó 1-0 a Defensor, el equipo uruguayo que había eliminado a Boca, cerró la serie de cuartos y se metió en la semifinal. El Ciudad de La Plata fue una fiesta. Ahora el Pincha espera a Nacional de Montevideo.
"Hola a todos, yo soy el León". El estribillo de Panic Show de La Renga siguió sonando en el maquillado Estadio Ciudad de La Plata. Estudiantes le rindió homenaje al tema de la banda de rock sin resentimientos por el deplorable estado en el que quedó la cancha luego de su recital. Fue un León que se llevó por delante, con un primer tiempo de exquisiteces y primores, a un pálido Defensor que se quedó en la promesa de repetir hazañas. La Copa Libertadores ya no es un segundo frente para ver hasta dónde se llega bien parado, es una prioridad cada vez más cercana a culminar en sonrisas.
Las malas condiciones del césped no tuvieron que emplearse de excusas. No presentaron ningún inconveniente. Verón iluminado, tocaba de primera y metía pases milimétricos a sus compañeros. La Bruja era el filósofo de la pelotita y el Pincha, desde el arranque mental de su estandarte, conseguía meterle cloro a la turbiedad del partido. Parecía un titiritero que manejaba los hilos de sus marionetas a su antojo. Estudiantes tenía un líder natural, sanguíneo, nacido para regir los valores de su camiseta, dentro de la cancha.
Arriba, Bosselli estaba intratable, inquieto. Qué por acá, qué por allá, Mauro complicaba a toda la última línea de Defensor sin limitación alguna. Se sentía y encontraba libre, de espalda o de frente. Sin embargo, Braña era la manivela de este equipo. Siempre bien ubicado, preparado para recibir cuando el símbolo de La Bruja corriera peligro. El Chapu demostró que el trabajo sucio, poco reconocido en este deporte que muchas veces sólo da créditos a las ostentaciones de la pelota, es algo que mamó desde que pisó por primera vez un campo de juego.
Las corridas de Marchant quedaron relegadas a unos trotecitos. El corazón del equipo del Polilla Da Silva no funcionaba como en el épico partido en la Bombonera. El argentino ya no era quien impulsaba la sangre violeta para que Sporting renaciera. Estudiantes le robó todo el protagonismo a este Defensor que, desde el gol del Chino Benítez, ya pensaba en la definición del campeonato uruguayo ante Nacional. La idea de un nuevo batacazo quedó en eso: una vaga imagen, una ilusión, un deseo...Es que un León mordió tan fuerte, que hizo que se esfumara.

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