Jugó los 90 cómo los tenía que jugar. Con dientes apretados y sin regalar nada. Estudiantes llevó a cabo un buen planteo y consiguió aguantar el partido en cero, tal cuál había finalizado en La Plata. Pero en la definición por penales, esa famosa lotería que tiene el fútbol, Diego Barreto le atajó el penal a Facundo Roncaglia y Estudiantes se vuelve de Paraguay con las manos vacías.
El equipo de Berizzo hizo un gran partido, le jugó de igual a igual a Cerro Porteño y, antes de los penales, pudo haberse llevado la clasificación. Pero la mala puntería de los atacantes Pinchas, más la buena actuación de Barreto, le prohibieron a Estudiantes poder terminar el encuentro en el tiempo reglamentario.
Luego de un primer tiempo aburrido y chato, con poco peligro en las áreas, el León salió a jugar el segundo tiempo con los dientes afilados. Mostró las garras que lo llevaron a ser el mejor de América alguna vez y le demostró al equipo guaraní que iba a tener que hacer el doble de esfuerzo si lo que pretendía era dejarlo fuera de la Copa Libertadores.
“Los partidos de Copa son así” suelen decir, y Estudiantes, experto en este tipo de encuentros, le mostró a Cerro Porteño cómo se debe jugar un octavos de final. El Pincha llevó al equipo local al juego que pretendía, al roce, a la lucha. Y por ese motivo llevó el partido a los penales, pero Óscar Ruíz le anuló el penal atajado a Orión y luego de esa acción, Roncaglia pateó débil su definición desde los 12 pasos y Barreto se quedó con la chance de Estudiantes de seguir en competencia. Luego, definió Villarreal y Cerro Porteño jugará los cuartos de final de la Copa Libertadores.

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