Por supuesto que no es nuevo, en una primera mitad de año que estuvo a miles de kilómetros de distancia de lo que habían sido los últimos tres años, donde siempre el Pincha llegó a la recta final con algo por disputar.
La tarde gris del Viaducto lo tuvo como un simple partenaire que contaba los minutos para que terminara el partido y comenzar las vacaciones, algo que por decisión de la AFA no había podido ocurrir el viernes, que era la fecha original.
El choque no dejó mucho más que un equipo albirrojo con pocas ideas, aunque llegando con peligro a través de Leandro González, el único jugador que tuvo chances claras, desperdiciándolas todas.
Arsenal tampoco había hecho mucho, jugando con el estilo que lo caracteriza y sabiendo que un empate les permitía llegar al objetivo de la Sudamericana. Y casi sin buscarlo de lleno, apareció el olfato goleador de Mauro Óbolo para desviar un centro y poner el 1 a 0.
Por un lado, el pitido final del árbitro trajo alivio en el León. Terminaron los peores seis meses de este exitoso ciclo que lleva más de cinco años, para comenzar a recargar las pilas, modificar la imagen y volver a ser el que fue.

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